Espacio único europeo de transporte


Europa necesita reformar de manera radical sus sistemas de transporte. Quienes viven en las ciudades pasan cada vez más tiempo en embotellamientos, las emisiones del transporte contribuyen a que los gases de efecto invernadero aceleren el cambio climático y la falta de coordinación entre los sistemas y redes nacionales cuesta tiempo y dinero que podrían utilizarse para ayudar a Europa a salir de la actual crisis. Sin embargo, el Comité Económico y Social Europeo considera que las últimas propuestas políticas de la Comisión Europea no van lo suficientemente lejos.

El CESE ha destacado ya el papel de los transportes para promover la competitividad y la prosperidad, y la necesidad de un sistema integrado de desplazamientos por Europa, así como de una mayor eficiencia y seguridad energéticas. Por tanto, acoge favorablemente el hecho de que la Hoja de ruta hacia un espacio único europeo de transporte de la Comisión refleje algunas de estas ideas. La Hoja de ruta fija objetivos ambiciosos que deberán cumplirse antes de 2050, incluida la progresiva desaparición de los vehículos de gasolina en las ciudades. En un nuevo dictamen el CESE describe este documento como «una valiosa contribución al desarrollo de un sistema de transporte eficiente y sostenible en Europa».

¿Dónde se obtendrían las inversiones?

No obstante, el Comité detecta varios defectos en las propuestas. Por ejemplo, aunque reconoce que es indispensable invertir más en infraestructuras de carreteras, ferrocarriles y otras alternativas, la Hoja de ruta apenas indica de dónde procederían, en una situación económica como la actual, los nuevos recursos. La propuesta de financiar más infraestructuras por medio del «usuario pagador» debe verse con cautela, dadas las diferencias existentes entre los Estados miembros del centro y de la periferia de la UE.

El CESE expresa asimismo su preocupación porque, al proponer que los contratos de servicios de ferrocarriles de pasajeros se asignen exclusivamente por medio de licitaciones competitivas, se vean perjudicados servicios públicos vitales en trayectos que no reportan beneficios. Asimismo, pide una «valoración equilibrada» del impacto de liberalizar los servicios de ferrocarril en los Estados miembros de la UE.

El transporte genera una gran cantidad –cada vez mayor– de CO2, gas de efecto invernadero que representa una quinta parte de todas las emisiones de carbono de la UE. La Hoja de ruta pide una reducción del 60 % en el plazo de 40 años, y esta «difícil meta» podría ser definitiva para el desarrollo de políticas y tecnologías del futuro.  No obstante, el CESE considera que el documento de las Comisión es «derrotista» cuando aborda la cuestión de reducir la producción de carbono en el transporte de mercancías. Por ejemplo, la entrega de mercancías en zonas urbanas –el llamado «reparto del último kilómetro»– posee un impacto significativo en los sistemas de transporte urbano y debe regirse por normas de la UE que promuevan la movilidad sostenible, utilizando iniciativas tales como los centros de logística coordinados.

El Comité apoya el principio de comodalidad pero pide un enfoque más flexible del cambio modal (para pasar del transporte por carretera al ferrocarril y al transporte por vías navegables) que no sea el objetivo fijado de más de 300 kilómetros para todos los Estados miembros, que propone la Comisión. Este objetivo no tiene en cuenta las diferentes densidades de la red y otros factores.

La dimensión social

Uno de los objetivos de la Hoja de ruta es la «calidad en el empleo». «En términos más generales, la dimensión social de la Hoja de ruta es débil –señala el ponente del CESE, Pierre-Jean Coulon–. Conviene proponer medidas para reforzar la formación y ayudar a los agentes del mercado en sus esfuerzos de contratación, en todos los modos de transporte». El dictamen aboga por que se conceda más importancia al diálogo social entre los empleadores y los sindicatos del sector de los transportes a fin de evitar conflictos sociales, respetando plenamente los derechos de los trabajadores a la acción colectiva, de conformidad con el artículo 151 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea.

Por otra parte, el CESE considera que la Hoja de ruta no aborda los problemas de dumping social y salarial que afectan a los sectores del transporte de mercancías por carretera, vía fluvial y marítima en particular.

Aparte del objetivo de 2050, la Hoja de ruta no fija un programa para su aplicación. El CESE «por tanto, recomienda una mejor articulación entre las medidas estratégicas de la Hoja de ruta (hasta 2050) y las medidas más prácticas e inmediatas (2020 y 2030)», señala el coponente Stefan Back.

El Comité está de acuerdo en que los europeos deben adoptar nuevas pautas en sus hábitos de desplazamiento. Pero aunque se pueden tomar numerosas medidas para reducir el volumen de tráfico, respalda la opinión general de la Comisión de que «la opción de restringir la movilidad no se plantea». De hecho, por definición, el transporte opera en un contexto mundial y el dictamen respalda firmemente que se desarrollen normas medioambientales mundiales.

Poner en marcha la innovación

El CESE acoge favorablemente la investigación y la innovación europeas destinadas a desarrollar y utilizar medios de transporte más limpios y dotados de una mayor eficiencia energética, lo que además reducirá la dependencia europea de costosas importaciones de petróleo. Por ejemplo, apoya la difusión efectiva de los vehículos eléctricos y de las infraestructuras de recarga, y respalda la utilización de vehículos y trenes más largos, incluido en el transporte transfronterizo.

Por último, el dictamen plantea la cuestión cada vez más acuciante del cambio demográfico. En Europa padece un progresivo envejecimiento de la población y el 15 % de sus ciudadanos sufre algún tipo de discapacidad. «Sigue sin tenerse debidamente en cuenta la dimensión de la discapacidad», señala el ponente. La verdadera movilidad significa hacer accesible para todos cada uno de los eslabones de la cadena del desplazamiento. El CESE aboga por una tarjeta europea de la movilidad que ofrezca ventajas de viaje armonizadas en toda la UE.

«El CESE apoya el desarrollo de una estrategia en favor de un transporte europeo eficiente y realmente sostenible que tenga en cuenta los desafíos económicos, medioambientales y sociales», concluye Coulon.

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